Cómo cuidar su espalda en verano

Los cambios bruscos de temperatura, las posturas inadecuadas o una hidratación insuficiente pueden afectar a la espalda. Incorporar unas sencillas medidas preventivas a la rutina estival mantendrá alejado el riesgo de contracturas y de lesiones. Aprenda con los consejos del Instituto Clavel cómo cuidar su espalda.

El verano es tiempo de ocio y de relajación, lo que no implica que haya que bajar la guardia. Al contrario, en estos meses es obligatorio tomar precauciones para minimizar el impacto de las altas temperaturas en todo el cuerpo. “El calor hace que aumente la sudoración y por lo tanto la cantidad de agua que circula en nuestro organismo es menor. Los tejidos han de trabajar en condiciones de menor aporte hídrico, y los que conforman la columna no son una excepción. Por ello, conviene que estén adecuadamente hidratados para lo que hemos de beber agua y líquidos con frecuencia, en especial si vamos a realizar una práctica deportiva intensa”, subraya el Doctor Pablo Clavel.

Pero si el calor es la cara del verano, el aire acondicionado es la cruz, y para evitar que lo sea literalmente hemos de huir de los cambios bruscos de temperatura, en los que, “en pocos minutos, hacemos pasar a nuestro cuerpo de una situación de vasodilatación a otra de vasoconstricción sin solución de continuidad”, advierte el doctor. Lo aconsejable es que el termostato
no baje nunca de 22 grados porque “el frío continuado sobre la espalda provoca contractura de la musculatura paravertebral, en especial de la región cervical que suele ser la más expuesta. La contractura continuada causa dolor y cambios mecánicos sobre la propia alineación de la columna (actitud cifótica o inversión de la lordosis) lo que deriva en más contractura de la musculatura cervical y más dolor. En realidad se crea un círculo vicioso que puede ser muy difícil de revertir”.

En la playa y en la piscina es preferible descansar sobre una tumbona o sentados en una silla (bien afianzada
 al suelo) con la espalda apoyada en el respaldo. Al tumbarnos en la toalla directamente sobre el suelo, “debemos procurarnos un soporte para la cabeza, de manera que la columna cervical no se vea sometida a posiciones forzadas de hiperextensión o rotación perjudiciales”, recomienda Clavel, además de cambios de postura frecuentes, dar paseos frecuentes (muy beneficiosos para la columna), y “sobre todo, evitar la exposición prolongada al sol”.

A la hora del baño, el neurocirujano recuerda el efecto que tienen los cambios bruscos de temperatura sobre la musculatura de la columna, razón por la que recomienda entrar en el agua poco a poco, “dando tiempo al cuerpo y a la musculatura a adaptarse al cambio de temperatura”. Y más importante aún, evitar las zambullidas bruscas
y “desde luego nunca primero con la cabeza”, enfatiza. “Son conocidas las lesiones traumáticas de columna cervical por golpes de la cabeza contra el suelo, provocando fracturas y luxaciones cervicales que pueden resultar fatales”. En saltos desde el trampolín -pero también desde el bordillo- no hay que hacer giros bruscos ni piruetas que “pueden ser el origen de una hernia discal cervical o lumbar, o al menos de una contractura severa”.

La consecuencias de estas actividades lúdicas se
ven en la consulta del médico, sobre todo después del verano, donde, según Pablo Clavel, “atendemos lesiones de columna ocasionadas por prácticas deportivas a las que no estamos acostumbrados ni realizamos durante el año pero que nos atrevemos a hacer muchas veces sin la preparación necesaria previa”.

Consejos para que la espalda no le dé el verano

Estirar y calentar siempre antes de hacer cualquier deporte; mantener una alimentación sana y evitar el sobrepeso; conseguir un descanso óptimo para que la espalda se recupere de la actividad del día; mantener una hidratación constante y adecuada. La fruta, con su alto contenido en agua además de fructosa, es un excelente alimento en verano para hidratar y proporcionar un inmejorable aporte energético para los músculos y articulaciones de la espalda.