La osteoporosis, principal causa de fracturas vertebrales

 

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Al igual que te garantizamos una prótesis lumbar a precio económico en Tarragona te recordamos la importancia de los huesos para mantener una buena calidad de vida está fuera de toda duda. El sistema esquelético es el soporte principal en el que, mediante las correspondientes inserciones, se sustentan los músculos y tejidos blandos, por lo que es imprescindible para el movimiento. Pero no solo eso, dado que los huesos también protegen los órganos internos y diversas cavidades; almacenan algunos minerales —en especial calcio, fósforo y magnesio, indispensables para determinadas funciones, como la transmisión de impulsos nerviosos y la conservación y reparación de células y tejidos— y son claves en la producción de leucocitos y eritrocitos, mediante la denominada médula ósea roja, y de adipocitos y hematíes, mediante la médula ósea amarilla.

Ahora bien, los huesos no son estructuras estáticas. Bien al contrario, en su interior se alternan períodos de destrucción y de formación de hueso como resultado de la acción de diversas hormonas, de nuestra alimentación o de los patrones de actividad física. Se estima que en torno a los 30 años se alcanza el pico de masa ósea, y a partir de esa edad se produce una pérdida natural de la misma.

Sin embargo, cuando tiene carácter patológico, esa pérdida de densidad de los huesos se acelera y podemos encontrarnos ante un caso de osteoporosis. Como su propio nombre indica, los huesos se vuelven más porosos y aumenta la cantidad y el tamaño de las cavidades que se encuentran en su interior, de modo que estos son más frágiles, ofrecen menor resistencia a los impactos y, por tanto, aumenta el riesgo de sufrir fracturas.

La epidemia silenciosa

En Instituto Clavel te recordamos que esta dolencia se conoce como la epidemia silenciosa, porque es asintomática hasta que la pérdida de hueso es ya tan notable que un impacto relativamente poco importante, como una caída leve, puede provocar una fractura (cadera, fémur o muñeca, entre otras). Sin embargo, en ocasiones ni siquiera una fractura puede indicarnos la presencia de esta enfermedad. Aunque por lo general una fractura vertebral provocará un dolor agudo e intenso, en algunos casos la fractura de una vértebra puede no generar síntomas, o causar una molestia leve que no haga demandar asistencia. En tal caso, se pierde la oportunidad de actuar para poner freno a la pérdida de masa ósea y se corre el riesgo de sufrir nuevas fracturas.

En ese contexto, es evidente la necesidad de adoptar un doble enfoque. Por un lado, la prevención será la primera medida. La adopción de hábitos de vida saludables es fundamental para cuidar la salud de nuestros huesos: no fumar, no consumir bebidas alcohólicas en exceso, realizar actividad física, tomar el sol con moderación para asegurar un aporte suficiente de vitamina D y mantener una buena alimentación, con una ingesta suficiente de calcio. Ahora bien, si la enfermedad hace aparición, entonces cabe actuar con rapidez, y acudir a un especialista es urgente. En primer lugar, el diagnóstico, por lo general mediante técnicas de diagnóstico por la imagen y pruebas como la densitometría ósea, combinadas con una valoración personalizada en la que se tengan en cuenta posibles factores de riesgo, permitirá determinar el alcance de la enfermedad y las mejores medidas para contenerla.

En ese sentido, el uso de fármacos inhibidores de la reserción permite detener la pérdida de mineral, y los tratamientos osteoformadores estimulan la formación de hueso nuevo. Pero si ya se ha producido una fractura, entonces conviene adoptar medidas adicionales que indicará el facultativo. El tratamiento conservador (reposo, analgésicos y ortesis) es una de las opciones de referencia en aquellos casos con mejor pronóstico. Ahora bien, este tipo de fracturas pueden entrañar gran complejidad. El dolor no siempre remite, el reposo prolongado puede suponer pérdida de masa muscular o una aceleración de la desmineralización ósea, e incluso puede que una fractura provoque deformidades de la columna o compresión de la médula espinal.

De qué modo se puede intervenir

La cirugía de columna se impone en esas situaciones. Intervenciones como la vertebroplastia o la cifoplastia permitirán aliviar el dolor y estabilizar la estructura afectada. En ambos casos se recurre a la inyección de cemento líquido en el interior de la vértebra fracturada, pero en la segunda técnica se introduce además un balón que, al hincharlo, permite restaurar parte de la altura perdida por el cuerpo vertebral como consecuencia de la fractura.

Como no puede ser de otra manera, para poder entrar en el quirófano con las máximas garantías, es imprescindible contar con el mejor neurocirujano. En Barcelona, los profesionales de Instituto Clavel aplican las técnicas quirúrgicas más vanguardistas de la mano de los médicos más experimentados en cuestiones de columna. Cuando la salud está en juego, solo cabe ponerse en manos de los mejores cirujanos.